sábado, 20 de abril de 2019

La opulencia alteña se plasma en los ‘cholets’ y los ‘transformers’


Hay contraste en El Alto. La arquitectura de los cholets, que es costosa, se enfrenta a mas de la mitad de la población que vive en condiciones de pobreza. Los edificios cuestan entre $us 200.000 y un millón y se inauguran con fiestas millonarias



La challa de un ‘cholet’ en El Alto se hizo viral en las redes sociales. Un video de cinco minutos anunciaba la celebración y la presencia de 10 grupos musicales de moda, dos de ellos internacionales. Incluso, el cantante chileno Américo había grabado la invitación y era parte del audiovisual. Opulencia y extravagancia en una ciudad que lucha día a día contra la pobreza y la informalidad.

En El Alto crece la tendencia de construcción de edificios extravagantes, denominados ‘cholets’ y ‘transformers’. Sus propietarios representan a la burguesía aimara y, la mayoría, son comerciantes de electrodomésticos. El último es el edificio Libertad, que fue inaugurado ayer con una fiesta millonaria, muestra la abundancia de estos sectores populares.

Su fachada tiene cristales polarizados, en tonos azul turquesa y dorado, manteniendo el estilo de la arquitectura andina e identidad del pueblo alteño. El edificio Libertad, construido en el barrio alteño de Ciudad Satélite, tiene un deslumbrante frontis con un aspecto metálico que se asemeja a un robot de los Transformer.


El arquitecto de esta obra es Santos Churata, conocido en El Alto por levantar edificios con el estilo ‘transformer’ (de los personajes de la serie de televisión). El profesional dice que sus obras no son parte de la tendencia de ‘cholets’ y que el edificio Libertad tiene un estilo diferente. No quiere hablar de cuánto costó, pero admite que se gasta mucho dinero para levantar estas edificaciones.

“El estilo es netamente robótico denominado como la ‘arquitectura transformer’. El proyecto (del edificio Libertad) está diseñado con visión al futuro, tiene todas las comodidades necesarias, cosa que nadie se atrevió a apostar de esta manera en la ciudad de El Alto”, detalla el arquitecto Churata. Este edificio fue construido en cuatro años y trabajaron 50 obreros.

Sobre precios, Churata prefiere no hablar, esto por seguridad de los propietarios, pero se estima que en una obra de esta magnitud se gasta hasta un millón de dólares, aproximadamente. Pero hay otras obras que costaron entre 200.000 y 300.000 dólares.

En este caso, el edificio Libertad tiene dos salones de fiestas y departamentos en cinco pisos. A cada espacio se llega con un ascensor privado. En el último piso está una especie de “penthouse” de lujo, que será habitado por los dueños.


Los dueños

Los dueños son Juan Carlos Fernández y Mabel Landívar, que según Churata son abogados reconocidos en El Alto; sin embargo, en la zona donde se levantó el edificio no conocen a la pareja de esposos y algunos aseguran que son comerciantes de electrodomésticos.

Fernández no quiere hablar de títulos y solo se enfoca en lo que es la obra. Quiere a futuro un helipuerto y el diseño contempla esa exigencia. “El edificio tiene dos salones de eventos, galería comercial, ascensores y departamentos dúplex. Los obreros agilizan sus pasos. La ‘challa’ comenzó ayer y terminará hoy, con la presencia de artistas nacionales e internacionales. Por ejemplo, desde Chile, llegó el cumbiero Américo. Solo en esta fiesta se estima un gasto de 240.000 dólares.

La pobreza de El Alto

El Alto vive en la pobreza. Sus calles muestran ese triste rostro de una urbe que crece en contrastes. Niños que trabajan en la vía pública, hombres y mujeres que venden pequeña mercancía en las aceras y ancianos que piden limosna. Eso se ve a diario en esta ciudad, cercana a La Paz. Pero esa pobreza no se refleja en algunos puntos donde los edificios ‘cholets’ y ‘transformers’ se levantan. Millones de dólares se gastaron en la edificación, pero también mucho dinero en sus inauguraciones.


Poco se sabe de los dueños. La mayoría se oculta por seguridad, debido a que son parte de esa clase millonaria aimara. Serge Ducroc es un guía de turismo suizo. Vive en La Paz hace una década y ahora prioriza recorridos con turistas europeos a los ‘cholets’ y ‘transformers’. Él tiene una visión de este tipo de arquitectura y su efecto social. “¿Por qué poner una casa encima de un edificio? Representa el éxito económico de la gente. A mí me gustaría vivir en otra zona más cálida, pero aquí tuvieron su éxito y son gente de aquí. No van a vivir en una zona donde hay blancos. Aquí (en El Alto) es el éxito y aquí lo muestran”, detalla Ducroc.

Según datos del Censo Nacional de Población y Vivienda 2012, El Alto tiene 848.452 habitantes, cifra que la convierte en la segunda ciudad más poblada de Bolivia. El sociólogo Ricardo Mamani, de la Universidad Pública de El Alto (UPEA), explica que en esta urbe la pobreza moderada y la extrema pobreza afecta y sacude a más de la mitad de la población.

“La pobreza se concentra en los sectores marginales de El Alto y es de población indígena. Son migrantes que llegaron desde las zonas rurales con ganas de triunfar, con la ilusión y esperanza de una mejor vida”, explica Mamani.

Mientras que el antropólogo Xavier Albó califica a los dueños de los ‘cholets’ y los ‘transformers’ como gente migrante que triunfó gracias al comercio. “Son personas emprendedoras que llegaron del campo. Muchos accedieron a créditos para levantar esos edificios, que son muy bonitos”, detalla.

Freddy Mamani es el otro arquitecto vanguardista que levantó más de 40 ‘cholets’ en El Alto. Al experto no le gusta ese término, pero lo acepta porque se los conoce así. “Yo he roto los viejos cánones arquitectónicos y, sí, soy un transgresor. Los edificios tienen una policromía de colores en degradé. Tratamos de buscar nuestra esencia, aplicando colores brillantes”, dice.

Este nuevo tipo de arquitectura brilla en El Alto. Sus dueños son expertos en negocios. Invierten y recuperan lo que gastaron con el alquiler de sus amplios espacios.



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